Mensaje de académicos de Universidades


Declaración Pública del Senado Universitario de la Universidad de Chile
(enviado por prof. F.Iunissi)

Senado Universitario de la U. de Chile
La discusión sobre una necesaria reforma a la educación que esté basada en principios de calidad y equidad, así como en la recuperación de la educación pública, ha pasado desde el necesario análisis de propuestas emanadas de varios grupos universitarios y del gobierno a un ambiente de total desconfianza que supera los argumentos.
En este ambiente ha resurgido la lamentable represión de las manifestaciones públicas, con un nivel de violencia que debemos rechazar enérgicamente, por considerar que no se corresponde con el orden democrático que deseamos para nuestra sociedad. Se suman a esto las inaceptables amenazas a dirigentes estudiantiles que se han denunciado, las que consideramos expresiones cobardes.
En este contexto, observamos con gran preocupación la ausencia de un referente político capaz de conducir el necesario debate sobre la educación a un destino que esté a la altura de las necesidades de la nación.
Desde la Universidad de Chile, y en representación de su comunidad, manifestamos nuestra creciente preocupación por la incapacidad de avanzar por el camino del diálogo respetuoso y denunciamos el uso innecesario de la violencia como una violación de los derechos básicos de una sociedad civilizada. Hacemos, por esto, un sentido llamado a respetar el derecho a discrepar y a reconocer el valor de contar con visiones diferentes.

5 de agosto de 2011
Senado Universitario de la U. de Chile




CARTA POR LA SITUACIÓN DEL ESTUDIANTE RECAREDO GÁLVEZ (enviado por Prof. Paola Godoy)
Estimados Colegas,

He decidido tomarme la libertad de dirigirme a ustedes, en nombre de la
Asociación de Académicos y Académicas Enrique Molina Garmendia, con el fin de
solicitar su apoyo para nuestro estudiante y secretario de la Federación de
Estudiantes de la Universidad de Concepción, Recaredo Gálvez, que se encuentra
en prisión imputado por homicidio frustrado.

Conocemos a Recaredo y definitivamente no tiene el perfil de una persona que
realiza una atrocidad semejante. Por otra parte, durante su detención fue
víctima de fuertes apremios, motivo por el cual ya ha sido presentada una
denuncia ante la Fiscalía Militar.

Nos parece particularmente grave que este tipo de situaciones ocurran en un
contexto de movilizaciones sociales en un país en democracia. Teniendo en
cuenta que mañana hay una reunión de los jefes de partidos con el Presidente,
es que recurro a ustedes para solicitar su apoyo para lograr la libertad del
estudiante Recaredo Gálvez, cuyo futuro hoy está en juego.

Adjunto la declaración que nuestra asociación ha hecho al respecto, la cual está
también publicada en nuestra página: http://www.academicosudec.cl

Agradeciendo su paciencia al leer esta misiva y esperando no haberlo/a
importunado, se despide atentamente,

Anahí Gajardo
Universidad de Concepción

PS.: Más información sobre el asunto está en los siguientes links:

Artículo detallado en The Clinic sobre la destacada trayectoria de Recaredo:

http://www.theclinic.cl/2011/07/26/recaredo-galvez-el-hijo-ilustre-de-cauquenes-acusado-de-homicidio-frustrado-a-carabineros/

Video de su detención:

http://www.youtube.com/watch?v=xe-IVuGRZXY&feature=youtu.be

Cartas que él mismo ha escrito desde la cárcel:

http://recalibre.blogspot.com/

DECLARACION PÚBLICA CONSEJO DE FACULTAD DE INGENIERÍA, UNIVERSIDAD DE PLAYA ANCHA.
(Enviado por Prof. Francesca Iunissi)
Valoramos y apoyamos el movimiento estudiantil, en cuanto ha colocado en la agenda pública la discusión en torno a la crisis del sistema educacional, en todas sus dimensiones: básica, media y superior. Concordamos con todas las demandas explicitadas y convergentes entre el CRUCH y la CONFECH.
Entendemos la educación como un bien público y no como bien de consumo, en donde el Estado tiene una responsabilidad ineludible en cuanto a propiciar la transparencia, asegurar y financiar una educación pública de calidad, de tal modo que permita recoger el potencial intelectual del país y contribuir plenamente a alcanzar el desarrollo de la sociedad chilena.
Nuestro país está en una encrucijada histórica: estamos ad portas de tener un ingreso per cápita de 15 mil dólares. Nos desafía el desarrollo y la sustentabilidad de éste. Pero sólo es posible con una educación de calidad, integradora e inclusiva, que mejore la desigual distribución del ingreso del país, una de las peores del mundo.
El Consejo de la Facultad de Ingeniería, Universidad de Playa Ancha hace un reconocimiento a los Estudiantes, Funcionarios, Académicos y Autoridades de nuestra Universidad, por su activa participación en la defensa de la educación pública.
Hacemos un llamado a todos los actores involucrados para aunar esfuerzos en torno a la construcción de una nueva política educacional para Chile, fundamentada en la excelencia, libertad e igualdad.
Valparaíso, 21 de julio 2011.


Declaración de los Profesores del Instituto de Arte PUCV

Ahora que el debate nacional está centrado en la Universidad, en la
educación en general y su destino, nos parece ineludible manifestar
nuestra postura como cuerpo académico del Instituto de Arte.

Consideramos que la Universidad en Chile ha sido secuestrada por un
sistema ideológico, cuyo único logro, avalado por la pobreza de unas
cuantas ideas simples, ha sido destruir el principio de autonomía – la
libre y desinteresada búsqueda del conocimiento, la investigación, la
creación y la conversación – tan esencial para la existencia y la
subsistencia de la vida universitaria.

Ese sistema ideológico, emboscando y disfrazándose en la eficiencia y
la eficacia de su pretendida virtud, ha logrado instalar en el corazón
de la Universidad la idea de una sociedad de mercado, cuyo mecanismo
generador es un avatar de la usura, que no es más que una apropiación
ilícita y una explotación privativa del tiempo como dimensión creativa
y oportuna de la vida humana.

La institución universitaria ha perdido por ello su misión y su
naturaleza. Si hasta hace unos cuantos años esta se definía como la
conciencia crítica de la sociedad, entendiendo por ello la capacidad,
no de reflejar, sino de producir la vida social en figuras cada vez
más completas, actualmente es una Institución que no hace más que
reproducir las condiciones de la organización empresarial privada y su
ambiciosa tentativa de apropiarse, ya no sólo de las capacidades
productivas de los individuos, sino también de sus deseos, de sus
imaginarios y de sus capacidades cognitivas. El Profesor, por lo
mismo, se ha transformado en un entrenador de competencias adquiribles
y determinadas por el mercado y el Estudiante ha quedado supeditado al
establo de lo entrenados.

Pero el saber, y la fuerza interior de la que dimana, no puede ser
reemplazado por una acumulación de destrezas, so pena de asfixiarlo, y
hoy observamos con alarma cómo el verdadero conocimiento que debe
encarnarse en la vida asume ese destino y se desintegra
paulatinamente.

Particularmente escandaloso nos parece, en tanto personas que han
hecho su vocación en la poesía y el arte, la expropiación del lenguaje
y la deformación que ello entraña. La falsificación y la utilización
interesada del lenguaje conducen a una profunda alienación de la
sociedad: si el lenguaje se falsifica, se falsifica la sociedad; si se
lo emplea al amaño de una ideología, esa sociedad se transforma en una
institución de ella. La ideología del mercado tiene su lenguaje: el
lenguaje de la usura, la gestión y la competencia, en el doble sentido
de las destrezas ad usum y del antagonismo entre los hombres. La
Universidad no puede seguir reproduciendo este lenguaje y estos
valores.

El mercado no solamente desnaturaliza el lenguaje, sino que entraña
también la atomización de la sociedad, su repartición y su
jerarquización en segmentos de consumidores. Esta segmentación produce
departamentos estancos en los que la diversidad ideológica y social,
que le son connaturales a la Universidad, contribuyen a la formación
de una nación atomizada e indiferente a otras realidades que las de
cada grupo. La eventual, y hoy inconstitucional, distinción entre
Universidades con o sin fines de lucro es ya un signo potente de esta
atomización.

No están equivocados por ello los estudiantes y un gran número de
profesores en presentir la infausta asociación entre educación y
lucro. Es un viejo problema que ya Sócrates y Platón debieron
enfrentar de alguna manera en su lucha contra los Sofistas. Un
desarrollo de la idea de lucro en la educación deja en claro que la
Universidad no puede soportar la lógica empresarial sin un absoluto
desmedro de su naturaleza.

Se trata de pensar Chile. Este país, de un tiempo a esta parte, ha
sido sujeto al cálculo y no pensado en términos de un enraizamiento
real en el saber, la creatividad y la deseada gratuidad de la vida
humana. Creemos que los movimientos estudiantiles, más allá de la
justeza de sus reivindicaciones, han intuido esta necesidad de pensar
Chile. Esta tarea ya ha comenzado.

Consejo de Profesores
Instituto de Arte
Pontificia Universidad Católica de Valparaíso

Viña del Mar, 8 de julio de 2011

POR CHILE: DEFENDAMOS UNA EDUCACIÓN NACIONAL Y REPUBLICANA DECLARACIÓN DEL INSTITUTO DE HISTORIA Y CIENCIAS SOCIALES

FACULTAD DE HUMANIDADES

UNIVERSIDAD DE VALPARAÍSO.

Hoy la sociedad chilena es testigo de un movimiento que se ha venido gestando en el mundo estudiantil, secundario y universitario, el cual se expresa de distintas formas: paros, tomas de locales, ingeniosas representaciones callejeras, clases en la vía pública, marchas multitudinarias a nivel nacional, etc.. Todas estas acciones se han encaminado a poner de manifiesto el hondo malestar que existe en nuestras casas de estudio ante los problemas que aquejan al conjunto de la educación chilena. Y, en particular, frente a los esfuerzos en curso por parte del gobierno en orden a culminar su privatización, en primer término de la educación superior. Tales esfuerzos privatizadores conciben la educación universitaria como un servicio que se transa en el mercado, es decir, como una mercancía más, y no como un derecho. De este modelo se desprende que los que producen este servicio deben cobrar por el mismo, y los que lo reciben, pagarlo. Tal cosa es representativa de un fundamentalismo ideológico que en ningún país del mundo se manifiesta con la radicalidad que adquiere en el nuestro.

Las manifestaciones estudiantiles referidas arriba (y a las que se han sumado docentes, incluyendo rectores) representan un claro rechazo a tales concepciones, y a las políticas que en esa perspectiva quiere implementar el gobierno.

¿En qué se manifiesta ese proceso privatizador en que el gobierno está empeñado? Principal, aunque no exclusivamente, en un agravamiento del abandono que ha hecho el Estado del financiamiento de sus Universidades, el que al día de hoy alcanza a tan sólo un 7% de su presupuesto. Gran parte del resto, indispensable para el cumplimiento de las tareas de nuestras casas de estudio, ha ido siendo traspasado a las familias, situación que se traduce en una inequidad gigantesca para la gran mayoría de los estudiantes universitarios del país pues un alto porcentaje de ellos provienen de sectores de menores ingresos, por lo que se ven obligados a endeudarse por muchos años a través de créditos que a altos intereses les ofrece la banca.

Otra parte del financiamiento de las universidades públicas debería, según las concepciones del gobierno, ser obtenido a través de la venta de sus servicios en el mercado, lo cual equivale a decir, que debe provenir de la venta de los mismos a las grandes empresas. Y, lo que es tanto o más grave, la universidad también debería financiarse a través de donaciones de particulares. ¿De quien? En los hechos de las ya mencionadas grandes empresas, nacionales extranjeras. ¿Cuál es el significado de esto último? No es otro que el control de las ex Universidades públicas por la oligarquía plutocrática que controla dichas empresas. Dicho de otra manera, significa que las universidades pasan a estar al servicio de una reducida y todopoderosas clase social y no al servicio del país.

Dicho de otro modo, significa la existencia de unsistema universitario estrechamente clasista al servicio de los que hoy lo controlan todo, -desde las cadenas de farmacias hasta el retail, pasando por los medios de comunicación, los clubes deportivos, el agua, los bosques, los puertos, etc. etc. etc. Y, a la inversa, significa que se pone la lápida a un eventual sistema universitario nacional. Es precisamente esto lo que, a nuestro juicio, está hoy en juego.

Frente a esa disyuntiva declaramos que nuestra lucha es por una universidad al servicio de Chile, y en contra de un modelo que en los hechos defiende una universidad al servicio de una clase, como es el del gobierno, cuestión que obviamente éste no está dispuesto a reconocer dado que políticamente lo perjudicaría.

En este marco, la sociedad chilena debe tener claridad sobre el drama que está viviendo la educación en el país y comprender el sentido del actual movimiento que llevamos a cabo en su defensa, el cual, según se desprende de lo dicho arriba, no persigue meros beneficios presupuestarios, sino algo mucho más profundo. A saber, la existencia de un sistema educacional, y particularmente universitario, que mantenga el carácter nacional y público que desde los mismos albores de la República le fue propio. Ello bajo el supuesto de que tal carácter, con su correspondiente financiamiento estatal, constituye una garantía para la libertad de pensamiento y para el desinteresado desarrollo de la ciencia, el arte y la reflexión, cuestiones esenciales en una verdadera Universidad. Casas de estudios superiores que reúnan esas características son indispensables para el desarrollo de un país, razón por la cual el Estado debe garantizar su existencia. Así, por lo demás, fue comprendido en Chile desde los mismos inicios de la República.

Fue precisamente ese el concepto que defendió Andrés Bello. La creación de la Universidad de Chile que llevara a cabo en 1842 lo atestigua. Bello nunca pensó que la Universidad que fundaba sería una empresa destinada a transar servicios educacionales y otros análogos en el mercado en beneficio del enriquecimiento de una clase. Su punto de mira era el del país, y no el del lucro de eventuales empresas situadas en este rubro. La Universidad, como dijimos, a su juicio debía tener un carácter nacional, dedicándose a proporcionar al país la alta cultura requerida por su desarrollo. En su discurso de inauguración, pronunciado en 1842, decía al respecto: “la Universidad estudiará las especialidades de la sociedad chilena bajo el punto de vista económico, que no presenta problemas menos vastos, ni de menos arriesgada resolución. La Universidad examinará los resultados de la estadística chilena, contribuirá a formarla y leerá en sus guarismos la expresión de nuestros intereses materiales. Porque en éste, como en los otros ramos el programa de la Universidad es enteramente chileno: si toma prestadas a la Europa las deducciones de la ciencia, es para aplicarlas a Chile. Todas las sendas en que se propone dirigir las investigaciones de sus miembros, el estudio de sus alumnos, convergen a un centro: la patria.”

Este carácter nacional y patriótico de las universidades chilenas es el que está cuestionado desde la dictadura militar en adelante. Desde entonces, en efecto, se ha pretendido convertir a las casas de estudios superiores en empresas de servicio que –de hecho controladas por los grupos económicos- persiguen fines de lucro. Esto significa que se pretende convertirlas en instituciones que no sirven al país, sino a la ganancia empresarial de los grandes conglomerados económicos que lo controlan todo, conglomerados que, dada su cultura, nada pueden comprender como no sea bajo la óptica del negocio.

El pensamiento de Bello se hallaba en las antípodas de lo dicho. Decía sobre la materia: “yo soy de los que miran la educación del pueblo, como uno de los objetos más importantes y privilegiados a que pueda dirigir su atención el gobierno, como una necesidad primera y urgente, como la base de todo sólido progreso, como el cimiento indispensable de las instituciones republicanas.” Bello, pues, veía el tema educativo desde una óptica republicana, y no mercantil. Creía que la educación era una responsabilidad de los gobiernos, y no de las empresas. Y fue su criterio el que, en esta materia, prevaleció a lo largo de nuestra historia, al menos hasta 1973.

Comprobémoslo con datos en la mano. Así, en el siglo XIX, durante los decenios, particularmente durante el gobierno de Manuel Bulnes, fue creada y financiada por el Estado la Escuela Normal de Preceptores. Luego, durante las administraciones de los presidentes Manuel Montt y José Joaquín Pérez el Estado procedió a crear Liceos Fiscales en todas las provincias del país. Posteriormente, en 1879 fue promulgada la ley de gratuidad de la educación secundaria, que permitió la gradual masificación de la educación facilitando la constitución de la clase media. No menos importante fue la política educacional del Presidente Balmaceda, en orden a crear una fuerte infraestructura educacional a lo largo de todo el país, aprovechando los recursos proporcionados por el salitre. De este modo, en fin, el siglo XIX está marcado por una permanente preocupación del Estado por el desarrollo educacional y cultural del país.

Entrado el siglo XX, esa preocupación se acentuó al dictarse, en 1920, bajo el presidente Arturo Alessandri Palma, la Ley de Enseñanza Primaria Obligatoria, a través de la cual el Estado, mediante su red de escuelas básicas, pretendió garantizar un piso mínimo en la formación educacional del país. El Presidente Pedro Aguirre Cerda continuó por esa misma senda. Como es sabido, su lema era “gobernar es educar”. A través de esta idea defendió el rol del Estado en el desarrollo de una educación democrática, laica y pluralista, de integración social, que intentaba superar las diferencias sociales, dando a todos los ciudadanos igualdad de posibilidades en su formación. La reforma educacional del Presidente Eduardo Frei Montalva, que pretendía modernizar el sector y sobre todo, ampliar la cobertura hasta hacerla universal, se hallaba en la misma línea, así como también el proyecto del Presidente Salvador Allende, que buscaba vincular la educación a la realidad social, haciendo ciudadanos conscientes y comprometidos con los destinos del país.

Quienes, en forma gratuita, nos educamos en aquella Escuela podemos dar fe de sus beneficios. Fue aquel Estado responsable de la educación de los chilenos el que hizo posible que el país progresara.

En resumen, la tradición chilena en materia educacional ha tenido en el rol del Estado su pilar principal. A tal punto era fuerte esta tradición nacional, que la Constitución de 1925 la consagró en su texto. En efecto, su artículo10, N° 7 establecía, que “la Educación Pública es una atención preferente del Estado”.

Esta tradición nacional dio resultados notables. Chile se convirtió en uno de los países con mejor educación del continente latinoamericano. Su prestigio era tal, que a las universidades chilenas venían a estudiar alumnos de todo el continente, en particular a la Universidad de Chile, cuya sede de Valparaíso corresponde a nuestra actual casa de estudios.

La excelencia de la educación pública y de las universidades del Estado hacía que la aspiración máxima de la mayoría de las familias fuera que sus hijos ingresaran a ella, entendiendo que tal cosa les aseguraría su futuro. La gratuidad que entonces caracterizaba a la educación permitía que esa aspiración pudiera hacerse realidad al menos para la clase media de la época, y en menor medida , para los sectores de menos ingresos.

La descrita tradición nacional fue destruida por la dictadura militar, cuyo ideologismo antidemocrático tenía dos pilares fundamentales. A saber, la Doctrina de la Seguridad Nacional, y el neoliberalismo en su versión de Chicago, ambas de origen extranjero. Como resultado de ello, en el plano educacional, la Constitución de 1980 derogó el precepto que establecía que la “educación (era) atención preferente del Estado”, e introdujo el concepto de Estado subsidiario el que, a pretexto de la “libertad de enseñanza”, permitió avanzar hacia la destrucción de la educación pública, - desde ya de la superior -, convirtiéndola en un servicio que se transa en el mercado por los comerciantes del rubro. Las consecuencias de este cambio han sido desastrosas, trasladando el financiamiento de la educación en una parte muy sustancial a los “consumidores”, -esto es, a las familias, obligándolas a endeudarse por quince o veinte años, quedando en manos de los Bancos-, y a los conglomerados económicos, según la lógica señalada arriba. A lo que se agregan los graves retrocesos en su calidad.

No menos dramáticos han sido sus consecuencias para los académicos. Entre tales consecuencias cabe mencionar las políticas orientadas a jibarizar las jornadas completas y la conversión del grueso del profesorado en un proletariado de servicio mal pagado, obligado a laborar en distintas corporaciones (profesores taxis), con contratos precarios. Todo esto es atentatorio no solo a la producción académica, sino también a la excelencia y a la independencia universitaria en la medida en que los académicos, -particularmente los investigadores-, tienen que ceñirse a las demanda de las empresas privadas, -o sea a los grandes conglomerados económicos-, impidiéndose así que la universidad esté al servicio del conjunto del país, haciéndola, por el contrario, funcional a los intereses de un sector muy reducido que, por lo demás, según hemos dicho, lo controla todo.

La situación no es menos dramática en las Universidades privadas, que lucran con un servicio de discutible calidad, cuyos estudiantes quedan endeudados de por vida, y que, adicionalmente, en la mayoría de los casos, no encuentran trabajo en aquello que han estudiado.

En este marco, el movimiento actual de las universidades estatales lucha por el rescate de la tradición chilena en materia educacional, tradición que, aparte de su carácter público, democrático, nacional y de integración social, fue de excelencia, la cual los ideólogos mercantiles han intentado destruir con trágicas consecuencias para el país.

La recuperación de dicha tradición, por otra parte, pasa por superar el modelo neoliberal hoy en curso, cuyo carácter estrechamente clasista, rechazamos, siempre desde una perspectiva nacional y democrática.

Es en base a estas consideraciones que los académicos del Instituto de Historia y Ciencias Socales de la Universidad de Valparaíso llamamos a la opinión pública a solidarizar con las luchas universitarias en curso. Ello bajo el supuesto de que, frente a la dictadura clasista del dinero, esa lucha representa la causa de Chile.

POR CHILE: DEFENDAMOS UNA EDUCACIÓN GRATUITA, NACIONAL Y REPUBLICANA, NO AL LUCRO EN LA EDUCACIÓN.


Valparaíso, 6 de julio de 2011

DECLARACIÓN DE ACADÉMICOS DE LA UNIVERSIDAD CATÓLICA DE CHILE FRENTE A LA CRISIS DE LA EDUCACIÓN

Quienes gozamos del privilegio de trabajar en esta universidad, participando en el proceso formativo de miles de jóvenes chilenos, no podemos ni queremos mantenernos ajenos al debate público sobre la situación de la educación en Chile.

Consideramos que la actual crisis es una ocasión histórica para poder abordar con seriedad, profundidad, proyección y propuesta tareas que comprometen nuestras competencias y experiencias puestas al servicio del país y la sociedad. En particular consideramos que la hora presente ofrece la posibilidad de ayudar a construir una nueva propuesta, estableciendo reglas claras y ampliamente discutidas, con debates sólidos y ricos en argumentación e ideas, que permitan reemplazar la legislación vigente en materia educacional, establecida hace treinta años sin garantías fundamentales, sin pluralismo, debate ni condiciones mínimas para el ordenamiento de una sociedad que aspire a ser democrática y participativa.

La ocasión que se nos plantea ha sido modelada en el tiempo por las graves falencias de la normativa impuesta en 1981 y que hoy se hacen dramáticamente evidentes. Hoy son un sector muy importante de nuestra comunidad, parte esencial de esta corporación desde sus orígenes, quienes nos interpelan y empujan a pronunciarnos y asumir nuestras responsabilidades sociales. En efecto, los estudiantes de nuestras universidades, e incluso los de enseñanza media, nos piden coherencia con nuestro discurso y responsabilidad en nuestro actuar, haciendo de esta manera vida universitaria. En este sentido, la búsqueda de propuestas claras y abordables de definición de objetivos precisos para el mejoramiento de la convivencia social a través del mejoramiento de la educación, nos llevan a proponer derechamente el reemplazo de la normativa universitaria vigente desde la imposición de la ley de 1981, que muchos consideramos espuria, en muchos sentidos abusiva y carente de legitimidad democrática. Las circunstancias de la época le imprimieron ese carácter y es responsabilidad de quienes hoy tenemos la oportunidad corregir este marco regulador, pensando en una universidad que sirva mejor a la sociedad que la cobija, actuando con decisión y coherencia para lograr una educación superior más plural, abierta y atenta a las necesidades de la comunidad nacional. Mantener el silencio que hemos guardado por tantos años nos hace cómplices de una situación en la cual se entrega a las leyes del mercado lo que debe ser, en cambio, un territorio custodiado por los criterios de la excelencia, la solidaridad, el servicio y la voluntad de actuar enfrentando desafíos que son propios del Chile del siglo XXI.

En este esfuerzo común por reparar una falta contra la sociedad como es la que se ha generado con el actual sistema universitario –donde faltan garantías de responsabilidad intelectual y moral, donde se dan condiciones para el engaño sistemático de miles de jóvenes y se juega con sus ilusiones sin considerar sus frustraciones–, cada estamento de la universidad tiene sus tareas y sus responsabilidades. Estas parten por el generar los adecuados debates, utilizando nuestras capacidades distintivas, proponiendo ideas con criterio de realidad y voluntad de cambio, con imaginación y pasión por conseguir un escenario nuevo para la educación nacional. Queremos así invitar a nuestra comunidad universitaria y al país entero a trabajar por una nueva legislación universitaria que surja de la deliberación razonada e informada, de la participación consciente y comprometida, de la voluntad de respetarnos mutuamente y pensar en el beneficio común para nuestra sociedad, considerando la tarea de la universidad como una forma fundamental de servicio al país mucho más que como entidades de formación profesional, sin por ello desconocer la importante función que en esa materia desempeñan. Si deseamos un sistema más igualitario y equitativo, si aspiramos a una sociedad con mejor convivencia democrática y respeto mutuo, debemos hacernos cargo de los trabajos que esta tarea conlleva, pues consideramos que sigue siendo válida la máxima que propone que la justicia es el nuevo nombre de la paz. La indiferencia, el escepticismo o el fatalismo son formas de complicidad con una situación que no se puede, que no se debe seguir tolerando y por ello invitamos a nuestro estamento a actuar con un propósito claro y constructivo que considera levantar un nuevo orden, que termine con este régimen que ha acentuado muchos males y que resulta injusto. La invitación es, como académicos de la Pontificia Universidad Católica de Chile, a comprometer nuestra capacidad de trabajo, nuestra imaginación y creatividad y nuestro espíritu de servicio para que en nuestro país no se pierda la misión que nos legaron nuestros fundadores, para que no se venda lo que debe estar por su naturaleza fuera de los mercados y para que podamos, finalmente, con nuestro espíritu crítico y nuestra conciencia y responsabilidad comprometidas con la construcción del futuro, atender al mandato evangélico de ir y enseñar a todos los pueblos. Santiago de Chile, 29 de junio de 2011.

Chile, la significación del movimiento estudiantil

Por: Jaime Massardo

La movilización estudiantil que se ha iniciado en el mes de mayo en las principales ciudades de nuestro país ha tenido la virtud de colocar en el tapete de la discusión un problema fundamental: el Estado no satisface las necesidades de educación científica, tecnológica, artística y humanista de los chilenos. La novedad, sin embargo, no está en el hecho mismo, cuya obviedad venía siendo constatada hace largo tiempo por la inmensa mayoría de nuestros compatriotas.

Lo más importante de esta movilización consiste en la particularidad que ella ofrece desde el punto de vista de la consecución de las luchas sociales en Chile, por lo que debe examinarse en el marco de la evolución política local de estos últimos treinta y siete años: Esta evolución nos muestra que, desde el último tramo dictatorial, las élites entendieron que la intervención militar no podía asumir una forma permanente.

El disciplinamiento de la fuerza de trabajo implantado durante los años de la dictadura y el nuevo sistema de referencias articulado en torno al mercado facilitaron entonces un proyecto político-cultural que fue formando un sentido común que llevó a despolitizar (léase idiotizar) en gran medida a la sociedad chilena.

Estimuladas por la complicidad de los medios de comunicación fueron desplegándose durante estas casi cuatro décadas las características de este proyecto cuyos ejes se consideraron naturales: la educación pagada, la salud privatizada, el individualismo extremo, un nacionalismo vulgar, la disposición a aceptar que las decisiones las tome la élite mientras los demás chilenos contemplan, el repliegue del espacio público, la brutal concentración de la propiedad y del ingreso, la acumulación de riquezas en manos privadas, la permanente degradación de la situación de los trabajadores, la desigualdad y la discriminación entre chilenos, la banalidad de la clase política, la entrega de los recursos naturales al capital y la consiguiente amenaza al equilibrio ecológico pasaron a ser componentes de este sentido común que tardó décadas en cuestionarse a sí mismo, tan grande había sido la derrota del pueblo chileno tras septiembre de 1973.
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Sin conexiones orgánicas con procesos culturales afines, atomizada por el efecto coercitivo de los años de represión, desmoralizada por la frustración de sus expectativas democráticas, desde los años 1990 la gran mayoría de la población chilena no parecía existir sino como consumidora y espectadora. El debilitamiento de las formas orgánicas de la cultura política de los trabajadores -sindicatos, agrupaciones populares, partidos...- contribuyó a facilitar esta autonegación de las potencialidades de la praxis.

La ausencia de referentes y de movimientos sociales estables y por lo tanto de vasos comunicantes entre la actividad social y la creación intelectual que conllevaba este gigantesco proceso de desagregación de la vida social característico de los años del postpinochetismo fue generando, además, un conjunto de nuevos intelectuales que, aislados del mundo popular, se comenzaron a pensar a sí mismos como productores de sentido.

Como producto de esta trahison des clercs, el rasgo determinante de este período refuerza precisamente esta internalización creciente de los valores y de las pautas de comportamiento de la élite por amplias capas de la población y de los propios trabajadores. El ejercicio de la política en estas condiciones, donde al control del aparato institucional del Estado por parte de la élite se suma al de los medios de comunicación, se viene transformando en la práctica de una libertad inofensiva.

La movilización estudiantil que surge en estos meses representa el quiebre de estas tendencias y en eso consiste su particularidad:

I) porque está representada por una nueva generación que no vivió el miedo a la dictadura y que a través de su creatividad, su disposición a la horizontalidad y su transparencia representa una nueva forma de práctica política.

II) porque ella tiene lugar en un nuevo contexto político. A diferencia de la experiencia «pingüina», no se produce al interior de la camisa de fuerza, del empantanamiento y de la dependencia del Estado de los gobiernos de los partidos del pospinochetismo.

III) porque viene generado una dinámica social que le da forma a una nueva subjetividad, mostrando la necesidad de un nuevo Chile, de una nueva República donde todos podamos vivir en mejores condiciones forjando un futuro construido por todos. De otra manera, que la lucha política por cambiar el sistema es posible y necesaria.

IV) porque el examen que el movimiento estudiantil ha realizado del sistema económico, social y político chileno muestra que la recuperación para nuestra sociedad por vías democráticas de la plusvalía de los negocios privados parece también posible y necesaria.

V) porque, junto a la presencia del problema ecológico y de otras reivindicaciones no menores, ha tenido la virtud de arrojar una nueva luz sobre las condiciones de desigualdad en que se viene desarrollando nuestra vida social en Chile.
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VI) porque representa un ejemplo y un punto de articulación que nos permite la posibilidad de generar un movimiento de dimensión nacional capaz de articular las diferentes expresiones sociales y políticas que tengan por objetivo común una nueva sociedad.

VII) porque ha devuelto la alegría a la calle, al espacio público, recordándonos que el cambio social en beneficio de las grandes mayorías es y será siempre una fiesta.

VIII) porque nos ha recordado que Chile es un país rico cuya riqueza es distribuida con extrema desigualdad. Con ello, por primera vez en estos treinta y siete años el sentido común «naturalizado» por el mercado es puesto en cuestión…

* Historiador. En la Facultad de Humanidades de la Universidad de Valparaíso

Fuente: www.lemondediplomatique.cl


UN MENSAJE DE TRISTEZA Y MOLESTIA*


Hoy, ante ustedes, comencé esta ceremonia con un mensaje de orgullo, pero la terminaré con un mensaje de tristeza y molestia.

Como saben, llevo casi cinco años como Rector de la Universidad de Chile y antes fui Decano por ocho años. Es decir, soy un académico con una larga vida dedicada a la docencia y la investigación, al igual que todos ustedes que han dedicado la vida a esta Universidad y a nuestro querido país.

En estos últimos años, he visto cómo se han creado una infinidad de comisiones y grupos de trabajo sobre la educación pre-escolar, básica, media y superior, los que han generado numerosos informes y extensos documentos. También he participado en cientos de reuniones y ceremonias, en que las autoridades han comprometido muchas cosas en el ámbito de la educación superior que, las más de las veces, sólo se transformaron en anuncios de prensa.

Estoy cansado de leer informes que sólo demuestran los resultados de las malas políticas públicas en educación, porque detrás de ellos hay condenas reales a jóvenes chilenos, a quienes el Estado no les está garantizando ni siquiera el sueño de tener un futuro mejor. Y eso sólo me genera tristeza y molestia.
Y mientras todo esto pasa, la educación pre-escolar, básica, media y superior en nuestro país sigue condenando y segregando a miles de jóvenes chilenos cada año y, de paso, nos asegura graves problemas sociales, políticos, económicos y culturales. ¿O es que alguien cree que esta educación inequitativa, excluyente y discriminatoria será buena para la integración social o para el desarrollo económico que Chile debe tener en los próximos decenios?

En la educación superior, el sistema impuesto por la dictadura y aún vigente después de más de veinte años de democracia confunde universidades tradicionales con las privadas nuevas. Mientras que las primeras hacen más del 85% de la investigación nacional, muchas de las privadas nuevas, en un ambiente de total e impune desregulación, se compran y venden en el mercado, con cifras millonarias en dólares y enormes ganancias. Sin que ningún órgano del Estado haga cumplir la ley de Pinochet que estipula que las universidades son corporaciones sin fines de lucro. Pero lo más desfachatado es que gracias a un lucrativo lobby, muchas de estas universidades privadas nuevas están pidiendo y obteniendo recursos públicos para hacer más rentable y sustentable su negocio, y con el singular privilegio de no tener ningún tipo de control por parte de la Contraloría General de la República sobre el manejo y destino de esos recursos públicos. Y esto se está haciendo a espaldas de la ciudadanía y de la historia, a espaldas del futuro de millones de jóvenes chilenos.

Desde la Universidad de Chile exigimos al Estado una nueva Ley de Educación Superior, que garantice la existencia y desarrollo de las universidades estatales, que las financie en al menos el 50% de sus actuales presupuestos -en Brasil, y en Finlandia y otros países de la OECD el aporte estatal a las universidades del Estado es sobre el 65% de sus presupuestos- y que de claras orientaciones respecto de sus deberes y derechos, para que así estas puedan enfrentar desafíos mayores contando con un trato claro con la sociedad. La autonomía académica, económica y administrativa es un principio rector que debe resguardarse en la formulación de tal política, atendiendo a la naturaleza de la actividad de educación superior que dista en mucho de otras funciones de otras instituciones del Estado. Conjuntamente, la política debe dar claridad en las condiciones en que las universidades privadas están invitadas a contribuir con la provisión de bienes públicos atendiendo a las funciones y la calidad con que desarrollan docencia, investigación y extensión.

También nos parece necesario fortalecer la institucionalidad del Estado en la Educación Superior en dos ámbitos. En el tema de fiscalización, mediante la creación de una Superintendencia de Educación Superior. Y en el tema de la formulación y evaluación de políticas, mediante una Subsecretaría de Educación Superior, idea, esta última, que en su momento fue propuesta por el Consejo Asesor Presidencial para la Educación Superior, que posteriormente fue reiterada en el año 2009 por el Consejo de Rectores de las Universidades Chilenas, y que últimamente ha vuelto a ser mencionada por varios señores rectores del Consejo de Rectores.

Sin embargo, como ustedes saben, la confianza y la credibilidad son esenciales para abordar políticas de Estado que sean inclusivas y sustentables en el tiempo.

El actual Ministro de Educación ha señalado por los medios de comunicación el compromiso que el año 2011 será el año de la reforma del sistema de educación superior. De ser así, es una buena noticia.

Sin embargo todavía no se ha dado a conocer cuáles serán los ejes de esta trascendental reforma, sólo cabe suponer que, lamentablemente, al parecer esta nueva política de gobierno se estaría elaborando a oscuras, entre cuatro paredes, sin participación de las universidades ni de sus comunidades, y en un contexto que es preocupante: tenemos que reconocer que aquí hay un lobby que está trabajando día y noche para ocupar recursos públicos y así hacer más rentable el negocio de la educación superior.

Quiero reclamar por esta práctica que no es transparente, y que aparece como sospechosa y contradictoria con las prácticas democráticas. Las universidades tradicionales de Chile son las que llevan más de 100 años educando a nuestro país y son las que hacen prácticamente toda la investigación nacional. Por lo mismo, no aceptamos que se pretenda fijar políticas para reformar el sistema universitario a espaldas nuestras que, como ya hemos visto, terminan en proyectos de ley enviados con urgencia a último minuto, justo cuando los académicos y estudiantes están terminando el año docente y la ciudadanía está concentrada en sus fiestas navideñas.

Como Rector de la Universidad de Chile, quiero hacer un llamado público al gobierno, al Ministro de Educación y a los parlamentarios, para que la nueva política de educación superior sea una política de Estado y no una política de gobierno. Ellos saben bien que la misión de la Universidad es ser conciencia crítica de la sociedad, y producir y transmitir el conocimiento preparando nuevas generaciones para el desarrollo del país. Las universidades públicas estamos llamadas a contribuir sustancialmente a esos fines, con especial orientación hacia la creación y promoción de bienes públicos como el pluralismo, la libertad y la tolerancia, elementos fundamentales en la construcción de la sociedad.

Como todo el país es testigo, nos hemos comprometido con un modelo basado en la calidad y la equidad de la educación superior, para alcanzar el nivel más alto en el país y constituir un modelo de sistema universitario del mejor nivel internacional.

Por eso mismo quiero comprometer ante ustedes y el país toda mi energía para promover y defender una mejor educación pública para todos los jóvenes chilenos. Vamos a trabajar hasta que efectivamente se adopten políticas públicas inclusivas que sean de Estado.

Me sorprende la liviandad con que se tratan estos asuntos, tan relevantes para la vida cívica de nuestro país. En salud nadie está pensando en cómo el Estado debiera financiar a las clínicas privadas mientras desatiende los hospitales públicos. En minería nadie tampoco está pensando en cómo el Estado debiera financiar a las empresas mineras privadas mientras desatiende a Codelco. Pero parece que en educación el lobby de algunos privados funciona y muy bien, buscando imponer en la opinión pública y en los poderes del Estado la aceptación de la idea de que las universidades privadas nuevas -muchas, de hecho, con fines de lucro- deben tener financiamiento basal del Estado, y el cuestionamiento al derecho y deber del Estado de financiar adecuadamente a las universidades estatales, ideas impensables en los países desarrollados.

Y contra esto, contra la privatización y mercantilización de la educación superior pública vamos a luchar con el respaldo de todos los académicos, funcionarios y estudiantes de la Universidad de Chile.

Estoy seguro que estaremos acompañados por la gran mayoría ciudadana que ve, en la educación pública de calidad y equitativa, su única esperanza para una mejor calidad de vida para sus hijos e hijas.

Con mucho orgullo digo: Viva la Universidad de Chile, Viva la Universidad de Chile libre, Viva Chile.
Muchas gracias.

(*Victor Pérez Vera, Rector de la Universidad de Chile)


Declaración Académicos Facultad de Humanidades y Filosofía Universidad de Chile
Declaración Pública



Las y los académicos de la Facultad de Filosofía y Humanidades que suscriben, apoyamos decididamente el Paro Nacional de la Educación convocado para este jueves 16 de junio.



La crisis educativa que enfrentamos es el resultado de un diseño que heredamos de la Dictadura Militar y que no ha sido modificado por los gobiernos posteriores. De manera autoritaria, se impuso un modelo de desarrollo amparado por una Constitución Política que, al cabo de tres décadas, ha subordinado el rol del Estado al del mercado, generando uno de los sistemas más inequitativos del mundo. Esto se materializó en el abandono sistemático de la educación de propiedad pública y sus principios, desarrollando y fortaleciendo la llamada industria educacional, que ha impuesto las categorías económicas por sobre la complejidad de los procesos educativos y del cultivo del conocimiento.

Nos encontramos ante una crisis del conjunto de la educación escolar y superior, que solo puede ser resuelta en una discusión amplia y participativa, orientada a una refundación democrática del sistema de educación en Chile.

Llamamos:

a) A defender el sentido de lo público y la educación como un derecho, y construir colectivamente un nuevo proyecto educacional democrático, de calidad, equitativo, pluralista y comprometido con los desafíos de la sociedad.

b) A coordinar una agenda de trabajo triestamental en una Facultad de puertas abiertas al Campus Juan Gómez Millas, a la Universidad y a la comunidad local y nacional.

Es por ello que convocamos a todos los miembros de la comunidad universitaria a participar activamente y reunirse este jueves 16 de junio en el Teatro de la Universidad de Chile a las 10:30 am para marchar por la Educación Pública.



Ñuñoa, 15 de junio de 2011



Sindicato Docentes Universidad Austral de Chile
COMUNICADO


Marcha Universitaria: Estudiantes, académicos y trabajadores unidos por una mejor educación

Más de 6000 personas marcharon por el centro de Valdivia para pedir educación de calidad. La manifestación que se inició en el Campus Teja de La UACh.
La gran manifestación que se inició en el principal campus de la Universidad Austral de Chile, fue liderada por las autoridades universitarias, de los trabajadores, académicos y estudiantes de esta casa de estudios, mostrando a la comunidad valdiviana la integración total de todos los estamentos para exigir al gobierno una educación de calidad.
A los convocantes de la marcha se unieron son el Colegio de Profesores Regional Los Ríos y los estudiantes secundarios y de algunas universidades privadas.
En ese sentido el Presidente del Sindicato de Docentes de la Universidad, académico Miguel Ramírez Carvajal señaló que esta es una clara manifestación de lo que se puede lograr. Además agradeció la participación de los docentes, entendiendo que esta es una lucha que favorece a los hijos de los trabajadores de todos los valdivianos, por lo que se hace necesario, que a futuras manifestaciones se sume toda la comunidad valdiviana. Al mismo tiempo Miguel Ramírez, pidió disculpas a los valdivianos que vieron alterada su cotidianidad con esta manifestación, que se justifica porque su objetivo es superior.
“Este es un hecho histórico y obedece al momento que se está viviendo, siendo el tercer golpe más fuerte que se le da a la educación en Chile. El primero fue con el término de la escuelas normales, después con la municipalización de la enseñanza media y hoy, con el intento a través de varios caminos, todos disfrazados, de privatizar la educación pública en Chile”, comentó.
Asimismo el Rector de la UACh, Dr. Víctor Cubillos fue enfático en manifestar que se necesita hacer un esfuerzo mayor en el tema de los recursos para impulsarla educación y la regionalización “el tema del lucro hay que transparentarlo, no es aceptable y nos hace mal, ya que no es posible que se estén comprando y vendiendo universidades en el país”. Del mismo modo explico que “hay que hacer una reforma importante en el tema de la calidad en la educación, aunque el gobierno la está llevando a cabo, no estamos contra eso al contrario, ya que lo que falta hoy en día es mayor participación y definiciones claras”.
Finalmente el Presidente de la Federación de Estudiantes de la UACh, Rodrigo Salazar hizo un llamado a luchar por una educación pública de calidad, un mayor financiamiento regional, el término del lucro y la baja en los intereses excesivos que cobran los bancos a los estudiantes que solicitan créditos para estudiar.
Toda la marcha se realizó de manera pacífica y fue admirada y apoyada por miles de valdivianos que vieron caminar a estudiantes, trabajadores y académicos por las calles de la ciudad, en un acto histórico ya que es la primera vez que los tres estamentos de la Uach encabezados por sus autoridades marchan por una causa común.


Directiva
Sindicato de Docentes
Universidad Austral de Chile
Fono: (63) 293830 begin_of_the_skype_highlighting              (63) 293830      end_of_the_skype_highlighting begin_of_the_skype_highlighting              (63) 293830      end_of_the_skype_highlighting begin_of_the_skype_highlighting              (63) 293830      end_of_the_skype_highlighting
Email: sindoc@uach.cl

Instituto de Comunicación e Imagen Universidad de Chile

Estimado Felip y colegas,
nosotros como académicos también participamos junto con los funcionarios y estudiantes en la increible marcha de ayer. Te copio nuestro blog de académicos en el que también está nuestra declaración y los acuerdos tomados.

http://academicosicei.blogspot.com/2011/06/academicos-icei-en-plaza-de-armas_13.html

Estamos tratando de articular a los académicos del campus para generar un debate acerca de la educación superior y quizás sería interesante conciliar o generar una voz común interuniversitaria.

Seguramente no todos estamos de acuerdo con cada uno de los puntos que cada grupo plantea, pero ahí nuevamente los estudiantes nos dan una lección, puesto que es posible conciliar propuestas comunes a partir de los puntos en que sí estemos de acuerdo. En ese sentido creo que la misma plataforma que nos brinde ALAIC para trabajar en materia de investigación, nos podría servir para generar una discusión en torno a estos temas puesto que, al final de cuentas, somos un actor importante y que lamentablemente no se ha asumido como tal.

Saludos a tod@s
Lorena

Declaración Sindicato Docente Universidad de Chile